Ruta de la Seda

Historia Americana

América del Norte

Después de la Cultura Hopewell, y luego de un paréntesis de más de 400 años, en las que las tradiciones locales continuaron su desarrollo, hacia finales del siglo IX, se impuso un cambio cultural conocido como Cultura Mississipiana.

Floreción en una gran área del sureste y centro de norteamérica, en los valles de los ríos de lo que ahora son los estados de Mississipi, Alabama, Georgia, Arkansas, Missouri, Kentucky, Illinois, Indiana y Ohio, con extensiones dispersas en el norte de Wisconsin y Minnesota y en el oeste en las Grandes Llanuras.

Coincidiendo con el dominio tolteca en América Central, la gran ciudad de Teotihuacán ejerció influencia hacia el norte. Un ejemplo contundente fue Cahokia, en Illinois que adquirió su forma definitiva en los siglos XIII y XIV con un gran complejo de montículos de cima plana, dispuestos alrededor de plazas rectangulares, donde vivía una población de entre 5.000 y 10.000 personas.

El arqueólogo contemporáneo John Al Walthalll, dividió su evolución en tres períodos culturales:
1. Temprano: 900 d.C. al 1.200 d.C. Hacia el 900 d.C. se encuentran sitios dispersos todo el este norteamericano.
2. Medio: 1.200 - 1.500 d.C. Para el año 1400 comienza su decadencia.
3. Tardío: 1.500 - 1.700 d.C. Algunas tribus históricas como Narchez y los Shawnes continuaron construyendo montículos y sosteniendo como forma de gobierno un sistema de castas con diferencias sociales muy marcadas.

La cultura se basa en el cultivo intensivo del maíz, frijoles, calabaza y otros cultivos, que dio lugar a grandes concentraciones de población en ciudades ribereñas. El cambio no había sido sencillo soportando enfermedades como la tuberculosis, hacia el 900 d.C. se nota que todas sus energías habían presentado ahora un carácter religioso y no funerario.

Las sociedades ahora eran de tipo jerárquico, probablemente con jefes vitalicios y hereditarios. Estas jefaturas controlaban los terrenos aledaños a los montículos templo como Moundville o Etowah, lugares definidos por tierras aluviales necesarias para su práctica de agricultura intensiva. También eran los encargados de la distribución de alimentos en la comunidad. Formaban una especie de estados teocráticos. La guerra que al parecer fue frecuente produjo alianzas en incluso confederaciones.

Una plaza ceremonial central siempre fue el núcleo de las ciudades mississipianas, cada asentamiento tenía uno o más montículos ovales o piramidales rematados por un templo o residencia del jefe. Este patrón de asentamiento es típico de Centroamérica. La magnitud de las obras públicas y la distribución de los templos siguieren un culto religioso dominante y un grupo de sacerdote4s-gobernantes al comando de grandes comunidades. Se institucionalizó la desigualdad social con el control de la política yla religión en manos de unos pocos.

La artesanía fue ejecutada en cobre, concha, piedra, madera y arcilla. Fabricaron tocados, armas rituales, esculturas, pipas, cerámica efigie, efigies, y máscaras. La elaboración de diseños como serpientes emplumadas, guerreros con alas, cruces gamadas, arañas, rostros humanos y muchos motivos geométricos, fueron delicadamente grabados, en relieve, tallados y moldeados.

Extendieron las redes comerciales al oeste más allá de las Rocosas, al norte hasta los Grandes Lagos, al sur del Golfo de México; al este llegaron al Océano Atlántico.

Enterraron a sus muertos junto con sus bienes en fosas rectangulares recubiertas con lajas. En ellas se encontraron espadas de pedernal, discos pectorales de cobre o concha con representaciones incisas, orejeras de madera, hachas monolíticas, pipas y estatuillas.

América del Sur

Descubrimiento de América.Esta historia no podía comenzar sin la épica y colosal hazaña del Descubrimiento de América, encabezada por el más grande de los navegantes de esos tiempos, Don Cristóbal Colón.

Descubrimiento de América

Cristóbal Colón (Génova, Italia, 31 de octubre de 1451 - Valladolid, España, 20 de mayo de 1506). Fue el primer extranjero en pisar las tierras americanas y descubrir el continente o Nuevo Mundo como se le bautizó. Aunque su principal pretensión era establecer una nueva ruta comercial entre Asia y Europa navegando hacias las Indias por el oeste, este navegante acabó llegando a la isla de Guanahaní, la cual bautizó como San Salvador (en honor al Fundador del Cristianismo), en las Bahamas, el 12 de octubre de 1492. Tras esta primera expedición, la cual no se habría materializado con la financiación de los Reyes Católicos. Colón realizó tres viajes más, abriendo la puerta al imperialismo colonial europeo y a profundos cambios en los indígenas que habitaban las tierras descubiertas.

Catalanes y gallegos intentaron reinvindicar el origen de Cristóbal Colón, alegando cada uno que era originario de cada lugar de España; llegando los gallegos, incluso, a falsificar documentación para demostrarlo. Como suele ocurrir en política, en la rama histórica también se intenta manipular los hechos en provecho propio. Por lo que hay que recurrir y contrastar las diferentes informaciones que hay al respecto sobre los temas que queramos investigar.

Los indicios más verosímiles plantean que nacería en Génova, hacia el año 1450-51, en el seno de una familia de modestos menestrales, con intereses comerciales. Fue el mayor de cinco hijos del matrimonio de Domenico Colombo y Susana Fontanarossa. En una primera etapa de su juventud, Colón compaginó su dedicación a la manufactura -la de su padre- con los primeros contactos con el mar, probablemente como grumete. Durante nueve años, hasta 1485, residió en Portugal, donde estuvo realizando viajes por mar por motivos laborales, con los cuales se fue forjando como marinero experimentado y desarrollando los talentos que poseía para ello.

Durante su estancia en Portugal contrajo matrimonio en 1480, con Doña Felilpa Monis de Perestrello, que pertenecía a la clase alta portuguesa de fines del siglo XV. Probablemente, sus relaciones personales abrieron a Colón muchas vías para la maduración de su proyecto. Y en Portugal, en el contexto de una sociedad volcada en la exploración del Atlántico, con el objetivo de sortear el continente africano para llegar a la lejana Tierra de las Especias, es donde Colón concibió y maduró el proyecto de llegar a las maravillas del Extremo Oriente que describió Marco Polo, pero por una ruta diferente: dirección oeste, a través del Atlántico.

La influencia de su hermano Bartolomé tuvo un peso relevante. Residía también en Portugal y fue su eficaz colaborador en todo momento. Bartolomé se ganaba la vida elaborando mapas y esferas, como especialista en cosmografía y navegación.

Cristóbal Colón, a semejanza de un visionario con espíritu emprendedor, las circunstancias le fueron preparando de forma autodidacta, aprendiendo de la gente sabia con los que se iba encontrando, y que le iban proporcionando todo el saber que iba a necesitar para su proyecto: datos fiables sobre astrología, geometría y aritmética. Tenía una sólida formación en las teorías científicas de Ptolomeo, adoptadas como las más certeras hasta el Renacimiento. Aportaciones de los humanistas del siglo XV, en los cuales se recogían los escritos de Prolomeo, Aristóteles, Plinio y demás tratadistas del mundo clásico.

No se sabe la fecha -podría ser entre 1483 y 1485-, ni tampoco demasiado detalles sobre la primera oferta que Colón le hizo al rey de Portugal. Juan II encargó el análisis de este proyecto a una junta de expertos que desestimó su viabilidad. Sea como fuera, Colón optó por acudir a La Rábida y ofrecer el proyecto a los Reyes Católicos. Ya viudo llegó a Castilla hacia mediados de 1485 con su hijo Diego. Se dirigió hacia Palos de La Frontera, un puerto andaluz del condado de Niebla, al borde de la ría del Río Tinto y frente a la barra del Saltés.

Tras su primera estancia en Palos, Colón inició sus gestiones ante los Reyes Católicos en Córdoba, donde residía la Corte por su cercanía al frente granadino. Quizá en estos momentos las influencias de los monjes de La Rábida le abrieron determinadas vías, pues el descubridor pudo contactar con el poderoso confesor de la reina, fray Hernando de Talavera e, incluso, con el cardenal Mendoza. Pese a que el Consejo desestimó su proyecto, los personajes influyentes que conoció -entre ellos podrían estar los duques de Medinaceli y Medinasidonia- le facilitaron una entrevista personal con los Reyes en Alcalá de Henares, en enero de 1486, y otra en Madrid, al mes siguiente. Aunque el proyecto generaba muchas dudas, gracias a las gestiones del padre Marchena, los monarcas acordaron nombrar una Junta para que lo estudiase a fondo.

Colón tuvo que aplazar su proyecto, aplacando su deseo, y encajar varios resultados negativos en los estudios de la Junta, que alegaban un abuso las pretensiones económicas y los honores de Colón. Hasta que a finales de 1488 o inicios de 1489, Colón obtuvo el patronazgo declarado del duque de Medinaceli, que incluso llegó a plantearse la posibilidad de financiar el viaje tentado por las riquezas que podría conseguir. Quizá la influencia de Medinaceli, decantaron en favor de Colón a personalidades como el cardenal Mendoza, el contador real Alonso de Quintanilla o fray Diego de Deza, preceptor del príncipe Don Juan. Con estos apoyos obtuvo una nueva entrevista con los Reyes Católicos en Jaén.

Después de intentos fallidos de negociar con Francia e Inglaterra, Colón se dirigió de nuevo a La Rábida, donde conoció a fray Juan Pérez, que había sido confesor de la Reina. Pérez le escribió a la propia Isabel la Católica y está convocó a Colón en Santa Fe -donde se encontraban los monarcas para el definitivo asedio de Granada- y le proporcionó una nueva ayuda económica. No obstante, sus valedores -Luis de Santángel, entre otros,- iniciaron toda una serie de gestiones en la Corte, logrando disminuir la oposición de hombre como Talavera y comprometiéndose a gestionar los fondos necesarios para la empresa. Finalmente, todas las pretensiones del navegante fueron aceptadas en las Capitulaciones de Santa Fe, firmadas el 17 de abril de 1492 por Juan de Coloma -secretario de los Reyes Católicos, quien actuó en su nombre- y fray Juan Pérez -en representación de Colón-.

En dichas Capitulaciones se otorgaban a Colón el título de Almirante, Virrey y Gobernador General de todas las islas y tierras que descubriese; donde los títulos de Almirante y Virrey pasaron a ser hereditarios. Más una décima parte de todas las riquezas obtenidas.

Entre los documentos expedidos por los Reyes Católicos el 30 de abril de 1492 destaca una provisión a los vecinos de Palos de la Frontera, que les ordenaba servir con dos carabelas durante doce meses, en virtud de unas penas impuestas con anterioridad. El costo de la expedición se estima en 2 millones de maravedíes, más el sueldo de Colón. La mitad de dicho dinero lo prestó el ya citado Luis de Santángel con fondos de la Santa Hermandad, la cuarta parte la aportó el mismo Colón -que lo pidió prestado-, y la cantidad restante podría provenir de banqueros y mercaderes italianos residentes en Andalucía.

Resultó fundamental la ayuda que le prestaron los hermanos Pinzón, cuya amistad le facilitaron los monjes de La Rábida. Los Pinzón eran marinos que habían ganado grandes riquezas y prestigio como comerciantes de salazones -desde los mares del norte hasta Italia-, como corsarios e, incluso, por haber participado en las recientes guerras contra Cortugal. Colón también contó con la ayuda de los Niño y los Quintero. Martín Alonso Pinzón fue tan clave tanto en la recluta de hombres como en la de barcos, que Colón le prometió que partiría con él las ganancias de la expedición.

La expedición partió con tres barcos, dos carabelas y una nao. La nao era La Gallega, rebautizada como La Santa María. La carabela de menor tonelaje era La Santa Clara, rebautizada como La Niña y la pagaron los vecinos de Palos. La Pinta era de Cristóbal Quintero. La Santa María era la más grande, con una eslora de 29 metros, con tres mástiles velados y fue comandada directamente por Colón; su contramaestre fue Juan de la Cosa (dueño de la embarcación) y los pilotos, Sancho Luis de Gama y Bartolomé Roldán. La Pinta, con 22 metros de eslora y tres mástiles, capitaneada por Martín Alonso Pinzón, de contramaestre su hermano Francisco Martín Pinzón y el piloto, Cristóbal García Sarmiento. Y, por último, La Niña tenía una eslora de 24 metros, también con tres mástiles, gobernada por Vicente Yáñez Pinzón, su contramaestre Juan Niño (propietario de la carabela) y el piloto, tal vez, Pedro Alonso Niño. En total una tripulación de nueve marinos y 87 miembros de tropa.

La expedición partió de Palos el 3 de agosto de 1492. Tras oir misa, los tripulantes se trasladaron en botes a las naves, que estaban ancladas en la barra de Saltés, frente a la Punta del Sebo. Llegaron a Canarias el día 9 del mismo mes. Después de una serie de averías y ajustes técnicos, el jueves 6 de septiembre retoman el viaje desde La Gomera hacia lo desconocido, aunque una calma les mantuvo dos días parados frente a las islas. El 9 de septiembre, favorecidos por los alisios, pusieron proa hacia el oeste. El día 17 arribaron a los Sargazos (mar de aguas calmas y con presencia de abundantes algas, más cercano al continente americano que al europeo), donde la expectativa de llegar pronto a tierra se vio frustrada y hizo surgir la inquietud entre los tripulantes.

Aunque Colón intentaba calmar a la tripulación haciendo estimaciones favorables para calmarles, a partir del 25 de septiembre crecieron considerablemente las murmuraciones. Y el 6 de octubre estalló un motín que únicamente pudo ser dominado cuando Martín Alonso Pinzón impuso su firmeza. La inestabilidad volvió a resurgir, no obstante, cuatro días después, el 10 de octubre; pero entonces, Colón ya había tomado una decisión, que fue fundamental. El mismo día de la revuleta, Martín Alonso Pinzón propuso cambiar el rumbo, pero Colón se negó. Sin embargo, el día siguiente vio algunas bandadas de pájaros y optó por dirigirse hacia el sudoeste. Y acertó, plenamente, pues de no haber variado la ruta, la flota habría ido a parar, bien a la península de Florida, o bien al centro mismo del Atlántico, ya que con toda probabilidad la corriente del Golfo les habría desviado de cualquier destino continental.

Después de muchas causalidades, por fin, la noche del 11 al 12 de octubre Colón afirmó haber visto una luz en la lejanía, por lo que ordenó a la tripulación que redoblase su vigilancia e incrementó los premios para el primero que avistase tierra. Y a las dos de la madrugada, Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, dio la voz de "tierra": una isla coralina del archipiélago de las Bahamas, que bautizó con el nombre de San Salvador.

Sobre la travesía, cabe plantear que descontando los dos días de calma que estuvieron frente a las Canarias, habría durado 34 días de navegadción por mares desconocidos. Una navegación puramente a la estima, intuitiva, pues Colón calculó las distancias navegadas a ojo (todavía no existía la corredera). El descubridor siguió el paralelo 28º N. -el de La Gomera- por las expresas órdenes de evitar la infracción del tratado con Portugal. Una ruta tan acertada que fue la que siguieron prácticamente todos los convoyes que se dirigieron al Nuevo Mundo en los siglos posteriores. Si acaso, un rumbo algo más meridional, pues la línea apuntada se halla al límite entre los alisios y las calmas. En el segundo viaje y en las travesías posteriores, los navegadores buscaron la fuerza del alisio del noreste un poco más al sur, partiendo de los 28º N. de La Gomera para trazar un gran arco que llevaba a los 13 ó 14º N., en las Pequeñas Antillas.

El viaje fue relativamente rápido, a una velocidad comparable a la que lograron los convoyes de los siglos XVI y XVII, lo que ha dado lugar a todo tipo de comentarios, alimentando las suposiciones de que Colón conocía lo que estaba haciendo. De todas formas, al despertar el alba el 12 de octubre, Colón creyó ver el extremo oriental de las tierras descritas por Marco Polo, sin tomar conciencia, como quizá nunca la tomó, de que estaban ante unas costas nunca antes avistadas por europeos.

En la mañana del 12 de octubre de 1492 Colón llevó a la praxis la travesía del Atlántico. El presuntamente genovés, Martín Alonso Pinzón, Vicente Yáñez y el escribano desembarcaron en San Salvador.

Tras esta primera toma de contacto con las tierras del Nuevo Mundo, la expedición se dedicó a explorar la zona. Y a partir del día 14 descubrió cuatro nuevas islas que Colón bautizó con nombres religiosos y políticos: Santa María de la Concepción (actualmente Cayo Rum), la Fernandina (Long), Isabela (Crooked) y Juana (Cuba). Según Morrison, Colón actuó con recctitud lógica y teológica a la hora de las designaciones. La primera isla recibio el nombre de Cristo; la segunda, el nombre de la madre de Dios en el misterio franciscano de la Inmaculada Concepción; y después fueron honrados el rey Fernando, la reina Isabel y el príncipe heredero Juan.

Habían caciques sin grandes fortunas. Por primera vez, en Cuba, los europeos vieron a los indígenas fumar tabaco. Las desavenencias entre Colón y Martín Alonso Pinzón, propiciaron la separación, para que cada uno buscara por su cuenta los orígenes de ese oro del que habían encontrado indicios tan abundantes como imprecisos. Arribaron a Haití, a la que Colón bautizó como La Española. En ella encontraron mayores indicios de oro y algunos caciques con un ceremonial más desarrollado.

La Santa María encalla y fue imposible recuperarla. Se pudo salvar las mercancías. Como en la Niña no había suficiente espacio para los tripulantes de la nao, Colón hubo de tomar una importante decisión: fundó la primera colonia en tierras del Nuevo Mundo, el Fuerte de Navidad, donde quedaron 39 hombres al mando de Diego de Arana. El 4 de enero de 1493, Colón decidió emprender el viaje de regreso al Viejo Mundo, uniéndose con La Pinta. El 16 de enero la expedición emprendió la travesía de vuelta. El regreso fue más difícil que la ida, pero Colón demostró sus expertas cualidades marineras al llevar sus barcos al Mar del Té, en busca de los vientos del oeste, cuya existencia conociera durante su estancia en Portugal o, acertó por casualidad.

El 12 de febrero las carabelas habían alcanzado el suroeste de Las Azores (aunque desconocían su posición). Entonces, les sobrevino una tremenda tormenta, que capearon con grandísima dificultad y que dos días más tarde provocó que se separaran. La situación debió ser tan desesperada que muchos de los tripulantes, temientod un fatal desenlace, llegaron a realizar votos de peregrinación si lograban salvarse.

El 18 de febrero, La Niña ancló en la isla de Santa María, en las Azores, lo que propició una serie de problemas con las autoridades locales, que apresaron a algunos hombres. Superadas estas adversidades, Colón hubo de enfrentarse de nuevo con seis días de tempestad y acabó llegando el 4 de marzo a las cercanías de la Roca de Cintra, frente a Lisboa, ciudad en la que finalmente se vio obligado a entrar. Allí se entrevistó con Juan II quien, con amenazas y promesas, trató de beneficiarse del descubrimiento. Pero Colón logró superar las presiones del soberano luso, aduciendo su condición de Almirante de Castilla y demostrando que su viaje no había tenido como lugar de destino Guinea, sino que venía del oeste, de las Indias. "«Parecía a todos que había ganado la carrera hacia el objetivo tan ambicionado por Portugal»".

El 15 de marzo entró en Palos, 32 semanas después de su partida, pocas horas antes de que lo hiciese Martín Alonso Pinzón con La Pinta. El éxito del viaje fue conocido de inmediato a todos los niveles. Colón informó a los Reyes Católicos en Barcelona, a finales de abril. Isabel y Fernando le confirmaron todos los privilegios admitidos en las Capitulaciones de Santa Fe. La noticia del viaje se extendió por toda Europa con la impresión de una carta de Colón que lo resumía, reeditada once veces en pocos meses.

Posteriores viajes de Cristóbal Colón Primera expedición colonizadora Mapa con el trazado de los cuatro viajes de Cristóbal Colón (1492-1502).El segundo viaje de Cristóbal Colón hacia las tierras recién descubiertas tuvo características muy diferentes al anterior. Fue preparado febrilmente, con un importante volumen de recursos de todo tipo, y con la mirada puesta en el rival portugués. Cuantiosos préstamos fueron solicitados para sufragar los costes de la expedición. Entre los prestamistas destaca un banquero italiano a cuyo servicio trabajaba un hombre: Américo Vespucio. El organizador de este segundo viaje fue Juan Rodríguez de Fonseca, arcediano de Sevilla. Un acérrimo partidario del autoritarismo regio que acabó enfrentándose con Colón y que, para desgracia de éste, se encargó de dirigir todas las cuestiones relativas al Nuevo Mundo hasta los primeros tiempos del reinado de Carlos I. Las expectativas originadas por el éxito del primer viaje provocaron un aluvión de solicitudes de candidatos a integrar la tripulación de los distintos barcos integrantes de la flota. La organización decidió limitar el número de expedicionarios a 1.000 hombres, de los cuales 800 habían de ser soldados. No obstante, estas previsiones quedaron finalmente cortas, pues, al parecer, acabaron embarcando más de 1.200 hombres en un total de 17 buques, de los cuales 14 eran carabelas y 3 naos. La flota quedó bajo el mando de Colón y Pero Alonso Niño fue nombrado piloto mayor. Junto a los soldados, también formaron parte de la expedición hidalgos en busca de fortuna, labradores con animales, aperos agrícolas y semillas, artesanos con sus instrumentos, y un grupo de religiosos bajo la dirección de un benedictino de Montserrat. En suma, la Monarquía Hispánica pretendía iniciar una auténtica colonización. Por ello, los Reyes Católicos le ordenaron a Colón que favoreciese la conversión y el buen trato a los indios, y que promoviese la fundación de una colonia cuyo comercio sería monopolio compartido de ellos y del propio descubridor (siguiendo el modelo portugués de La Mina). Los monarcas concibieron la segunda «empresa de Indias» como un negocio mixto, estatal-colombino, para el rescate de oro y mercancías valiosas reservadas a la Corona. Y para velar por los intereses de la Real Hacienda incluyeron en la expedición a un teniente de los Contadores Mayores y planearon la creación de aduanas en las tierras recién descubiertas y en Cádiz. Asimismo, también ordenaron a Colón que prosiguiese "«los descubrimientos más al sur, buscando la tierra firme meridional sin el impedimento de Alcaçovas»". La Armada acabó organizándose, con algunas dificultadas dada su magnitud, en los puertos más importantes del Atlántico andaluz: Sevilla y Cádiz. Finalmente, la expedición partió de esta última ciudad el 25 de septiembre de 1493, y durante un tiempo fue escoltada por la flota de guerra hispánica, a fin de evitar la posibilidad de un ataque portugués. El 13 de octubre el convoy dejó atrás las Canarias y después de 21 días de navegación arribó a la isla que Colón bautizó con el nombre de Deseada. En este segundo viaje a las Indias, Colón varió ligeramente el rumbo, eligiendo una ruta algo más meridional. Aunque no se conocen los motivos, los investigadores plantean diferentes hipótesis: Colón quería aprovechar mejor la fuerza de los alisios. Los Reyes Católicos ya no temían un posible conflicto con la Monarquía portuguesa, amparados por las Bulas Inter caetera otorgadas por Alejandro VI. Colón buscaba encontrar nuevas islas intuidas en su primer viaje, o quizá arribar a la parte meridional de Cipango, que tenía fama de ser especialmente rica en oro. Tras llegar a la isla Deseada, la expedición recorrió casi todo el arco de las Antillas Menores hasta Puerto Rico, realizando un trayecto que se convertiría en la ruta habitual de todos los convoyes posteriores. Y el 22 de noviembre llegó a La Española. Allí, los españoles se llevaron una desagradable sorpresa al comprobar que el Fuerte de Navidad había sido arrasado y que toda su guarnición había perecido. Probablemente, las disensiones entre los castellanos y la acción de los indígenas, víctimas de sus desmanes, fueron los dos motivos que propiciaron la destrucción del fuerte y la muerte de sus habitantes. Escultura de Rodrigo de Triana en Sevilla. Acompañó a Cristóbal Colón en su primer viaje. Según la tradición, gritó «¡¡¡tierra!!» cuando avistó el nuevo continente.El 6 de enero de 1494, Colón fundó el primer asentamiento hispánico en el Nuevo Mundo, que fue bautizado como La Isabela, al norte de la actual República Dominicana. Y poco después fundó otros más al interior de la isla, con la intención de controlar a los indígenas que mantenían una actitud hostil. En este segundo viaje, Colón exploró a fondo las islas del Caribe, bien personalmente, bien mediante el envío de expediciones dirigidas por distintos capitanes. Prestó especial atención por la isla de Cuba, la cual no quiso circunnavegar a fin de mantener la ficción de que había pisado tierra firme. De hecho, obligó a toda la tripulación a firmar un documento jurando que las costas de Cuba eran tierra firme. Además, desde ella, parece que contempló la posibilidad de retornar a España navegando hacia el oeste. En este segundo periplo por las Indias, aunque llegó a reconocer que La Española no era en absoluto Cipango, Colón siguió mostrando cierto empeño por identificar lugares más o menos míticos o sacados de la obra de Marco Polo. Por ejemplo, identificó la isla de Jamaica con la bíblica Saba -añadiendo que desde ella salieron los Reyes Magos en su viaje a Belén-. Y creyó ver los montes Ofir de Salomón en Haití. Los investigadores discrepan sobre si Colón llegó a descubrir Sudamérica en esta segunda «empresa de Indias». Algunos autores defienden que llegó a la isla Margarita, aunque ocultó dicho viaje para no tener que dar al fisco regio la parte que le correspondía de un importante botín en perlas. Otra característica fundamental de este primer viaje colonizador es que Colón hubo de enfrentarse a toda una serie de problemas hasta entonces inéditos, relacionados con la oposición de sus propios compañeros de expedición. El descontento fue causado fundamentalmente por cuatro motivos: Las propias dificultades del viaje, sobre todo, para quienes no tenían ninguna experiencia marinera. Las inconveniencias relacionadas con la aclimatación de los castellanos a una tierra tan distinta desde el punto de vista puramente ecológico. La adaptación al suelo americano de las especies mediterráneas -como los cereales o la vid- fracasó y los colonos sufrieron para acostumbrarse a la dieta indígena. La dureza de los trabajos de construcción de los asentamientos, en los que todos los expedicionarios hubieron de participar, independientemente de sus grados o privilegios. Colón se mostró en todo momento decidido a hacer efectivo el monopolio real, que también obraba en su propio beneficio, impidiendo el enriquecimiento particular y frustrando de tal manera cualquier ilusión de hacer fortuna en las nuevas tierras. Ante esta situación, el 2 de febrero de 1494 decidió enviar a España una expedición compuesta por 12 barcos, a fin de solicitar auxilio a los Reyes Católicos, y ya entonces tuvo que someter un intento de motín de quienes pretendían apoderarse de los navíos para regresar a Castilla. «Primer desembarco de Cristóbal Colón en América». Obra del pintor Dióscoro Teófilo Puebla para la Exposición Nacional de 1862. Visión romántica de la llegada de Colón al continente americano.Colón quizá albergara la esperanza de que el descontento amainaría con la vuelta de la expedición de socorro. Sin embargo, la realidad fue bien diferente. En la expedición que regresó a España fueron incluidos algunos de los descontentos, y éstos se dedicaron a desprestigiar la labor de gobierno del Almirante ante los monarcas. La expedición de auxilio llegó a las Indias el 24 de junio del mismo 1494, con Bartolomé Colón al frente. No obstante, el prestigio de Colón fue puesto aún más en entredicho cuando los indígenas de La Española se sublevaron en respuesta a los constantes excesos de los colonos. Reprimida la rebelión, 500 indígenas fueron enviados a España para ser vendidos como esclavos. Los Reyes Católicos prohibieron su comercialización hasta que se determinase la licitud de dicho proceder. Pero en La Española algunos indígenas ya estaban siendo utilizados como esclavos, lo que dio origen al debate sobre el trato que los castellanos debían proporcionar a la población de las tierras recién descubiertas. Por otra parte, Colón impuso a las tribus indígenas el pago de un tributo en algodón y polvo de oro; una contribución a todas luces excesiva, pues el oro no abundaba y los trabajos de extracción de las arenas y gravas de los ríos era tan agotadores que la población comenzó su declive. Los socorros enviados a Colón desde la Corona hispánica siguieron llegando. No obstante, aunque los Reyes Católicos remarcaron en todo momento el interés misional de la colonización, sea por la incertidumbre de las noticias que tenían sobre el Almirante o porque los beneficios de la empresa no llegaban a compensar el coste de las sucesivas expediciones de auxilio, el caso es que los monarcas dictaron toda una serie de disposiciones que suponían una liberalización de los viajes y del comercio con el Nuevo Mundo, violando claramente los términos de las Capitulaciones de Santa Fe. Las protestas de Colón hicieron que algunas de las disposiciones citadas fuesen suspendidas, pero movieron, asimismo, a los reyes a enviar al Nuevo Mundo a un comisario real -Juan de Aguado- con la misión de fiscalizar las actuaciones del Almirante y pasar informes sobre la situación del proyecto. Los roces de Colón con Aguado fueron inevitables y llevaron al Almirante a emprender la ruta de retorno a Castilla el 10 de marzo de 1496, llegando a Cádiz el 11 de junio siguiente. Colón se entrevistó con los Reyes Católicos en Burgos, organizando una exótica puesta en escena. Apareció rodeado de indígenas antillanos, con vistosas aves tropicales y vestido como un fraile franciscano. Fonseca y su grupo, que querían hacerse con el dominio de la «empresa de Indias», criticaron el comportamiento y la gestión de Colón, se quejaron del excesivo gasto y el escaso provecho de la expedición colonizadora y dudaron de la existencia de oro en las tierras descubiertas. Y el Almirante se defendió colocando en primer término la ingente labor misional que cabía realizar entre los indígenas e intentando demostrar las posibilidades económicas de la empresa (afirmando la abundancia de oro, palo brasil e incluso especias). La búsqueda de la tierra firme Colón logró salir airoso de este primer intento de descalificación y vio confirmados todos sus privilegios en virtud de un documento datado el 23 de abril de 1497. Y por disposición de los monarcas, comenzó a preparar su tercer viaje, con medios más modestos y un objetivo muy claro: encontrar tierra firme. Sin embargo, la partida se retrasó por los preparativos de las bodas de los hijos de los reyes y otros asuntos que ocupaban su atención y comprometían sus rentas.Y ello pese a que existían razones que aconsejaban no dilatar la expedición, como por ejemplo, que el 8 de julio de 1497 partió de Lisboa Vasco de Gama con el objetivo de llegar a la India circunnavegando África. Según diversos investigadores, Colón aprovechó el ínterin para enriquecer su formación erudita, pues se dedicó a buscar argumentos que apoyasen su proyecto en las obras que ya hemos citado de Marco Polo, Eneas Silvius Piccolomini y Petrus Alliacus. El descubridor quiso reforzar sus posiciones ante la aparición de voces disconformes en la Corte, que afirmaban que no había arribado al Extremo Oriente -tal como pretendía-, y ni siquiera se había acercado a sus proximidades. Las discusiones que mantuvieron ante diversos testigos el propio Colón y su amigo, el sacerdote y cronista Andrés Bernáldez, son buena muestra de ello. Bernáldez concluía que las Indias estaban 1.200 leguas más allá de las tierras a las que había llegado, por lo que no podían pertenecer a Asia. En este sentido, en 1495 el profesor de Salamanca Francisco Núñez de la Yerba había publicado una edición de la Corographia de Pomponio Mela, con un prefacio en el que manifestaba su opinión de que la tierra hallada 45º al oeste era llamada «India» de manera abusiva por algunos. Y poco después, Rodrigo de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla, había escrito una introducción a la obra de Marco Polo en la que insistía en que las tierras descubiertas por Colón no eran la India. Otros testimonios similares coexistieron con éstos por aquellas fechas. Monumento a Colón y la reina en la Plaza de Isabel la Católica (Granada).Tras muchas vicisitudes, la flota quedó lista para la partida. Colón logró finalmente conseguir tripulación suficiente para el viaje cuando los monarcas promulgaron el perdón para los delincuentes que no hubiesen cometido delitos especialmente graves y quisiesen enrolarse en la expedición. La expedición se dividió en dos grupos. Dos de las ocho naves que componían la flota partieron para el Nuevo Mundo en febrero de 1498, llevando diferentes pertrechos. Y el resto inició la singladura el 30 de mayo de 1498 desde Sanlúcar de Barrameda. La ruta seguida en esta ocasión fue un tanto extraña. Quizá para burlar a una armada francesa, las naves se dirigieron primero hacia las islas Madeira. De allí pusieron rumbo a las Canarias, donde la flota volvió a dividirse, pues tres carabelas se dirigieron directamente a La Española y Colón con dos carabelas más y una nao marcharon más al sur, hasta las islas Cabo Verde, desde donde partieron hacia el Nuevo Mundo, llegando el 4 de agosto a la altura de la desembocadura del Orinoco. En un primer momento, al llegar a estas nuevas tierras, Colón pensó que eran islas, pero pronto dedujo que formaban parte de una masa continental porque ninguna isla podía alimentar el caudal de un río como el Orinoco. Sin embargo, otras preocupaciones -y quizá también problemas de salud- marcaron su rumbo en estos momentos y le llevaron a poner proa hacia La Española. A su llegada, comprobó que su larga ausencia había complicado aún más la situación. Su hermano Bartolomé, como adelantado, tuvo que hacer frente a una sublevación capitaneada por Francisco Roldán; una rebelión que aún coleaba cuando el Almirante llegó y que tuvo que zanjar firmando una humillante capitulación en la que se sometía a las exigencias del cabecilla. La firma de esta desventajosa concordia abrió un nuevo período en la historia de la conquista y explotación del Nuevo Mundo, pues dio pie al reparto de tierras entre los colonos, les concedió el derecho a utilizar a los indios para realizar trabajos forzados en el laboreo de las tierras y el trabajo en las minas (lo que ha sido considerado como el más directo precedente de la encomienda), y les dio libertad para proceder a la extracción de oro. Colón tuvo que enfrentarse con otras sublevaciones de menor entidad, las cuales sometió ejecutando a sus cabecillas. Pero ante el progresivo deterioro de su posición, acabó solicitando a los Reyes Católicos el envío de un juez especial (lo que equivalía a reconocer su impotencia para dominar las disidencias). No obstante, antes de recibir la petición del Almirante, los monarcas ya habían decretado dicha medida; decidieron nombrar juez pesquisidor a Francisco de Bovadilla, comendador de Calatrava, quien todavía tardó algún tiempo en iniciar un viaje que le llevó a Santo Domingo el 24 de agosto de 1500. A su llegada, Bovadilla destituyó a Colón y a sus hermanos de sus cargos. Confiscó todos los bienes del descubridor y le sometió a proceso sin darle posibilidad de defenderse, acusándole de tiranía y malos tratos contra los colonos. Los Colón llegaron a temer por sus vidas, pero finalmente fueron embarcados hacia Castilla, cargados de grilletes. Entretanto, Bovadilla accedió a todas las peticiones de los rebeldes: dio plena libertad para buscar oro, vendió tierras e hizo «generosos» repartimientos de indios. Los Reyes Católicos desautorizaron semejantes medidas y la dureza utilizada contra Colón. Decidieron destituir a Bovadilla, nombrando en su lugar a Nicolás de Ovando. Y aprovecharon la coyuntura para retirarle a Colón la mayor parte de sus prerrogativas. De todas formas, para entonces el marino ya había perdido el monopolio de los descubrimientos, pues en 1499 los monarcas autorizaron distintas expediciones que estudiaremos más adelante bajo el epígrafe de los viajes menores o andaluces. Un postrer viaje No parece que Colón desease volver al Nuevo Mundo, sobre todo, porque sus achaques le molestaban cada vez más. Tras la vuelta de su tercer periplo, se dedicó a reivindicar sus derechos ante los reyes y a redactar el Libro de las Profecías, que refleja toda su mentalidad mesiánica. Sin embargo, quizá los últimos logros portugueses -la llegada de Vasco de Gama a la India y el descubrimiento del Brasil por Cabral- le hicieron cambiar de actitud y le movieron a planificar su cuarta y última travesía del Atlántico, un viaje lleno de incidentes. Colón contó de nuevo con el patrocinio de los monarcas para una empresa cuyo objetivo sería la búsqueda por la zona del istmo de un paso hacia la Tierra de las Especias. Colón empezó a preparar la expedición en octubre de 1501. Contó con cuatro carabelas y unos 140 tripulantes, que salieron de Sevilla el 13 de abril de 1502 y tocaron tierra al otro lado del Atlántico el 15 de junio siguiente. Las instrucciones reales eran explícitas: prohibición de desembarcar en La Española, realizar un viaje rápido de exploración, tomando posesión de las tierras descubiertas, y evitar todo tráfico particular y la captura de esclavos. Firma y autógrafo de Cristóbal Colón. «Boletín de la Real Academia de la Historia», 78 (1921).Colón viajó por Santo Domingo y el sur de Cuba. Partió hacia el sudeste en busca de lo desconocido y llegó a la isla de Guanaja, en el golfo de Honduras, donde los presagios no pudieron ser mejores. Encontraron una gran canoa de comerciantes, de una cultura mucho más desarrollada que las conocidas hasta entonces. Pero en lugar de dirigirse al norte, lo que le hubiera llevado al Yucatán y México, y le hubiese hecho entrar en contacto con los mayas y los aztecas, Colón siguió al sudeste por las costas de las actuales Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. No encontró el ansiado estrecho y aunque recogió noticias que le hicieron pensar que se encontraba ante un istmo poco amplio que daba paso a otro gran mar, Colón siguió pensando en la proximidad de Asia. El viaje fue penoso por las frecuentes tormentas. Y más angustioso aún fue el regreso, pues a las tempestades se unió el problema de la perforación del casco de los navíos por un molusco de las aguas tropicales. Pese a la prohibición de los reyes, Colón puso proa hacia Santo Domingo, dado el lamentable estado de las naves, de la tripulación y su propio estado de salud, bastante delicado. No pudo llegar, empero, a La Española y tuvo que improvisar un asentamiento provisional en la bahía de Santa Gloria, en el norte de Jamaica, el 24 de junio. Allí, la situación llegó a ser crítica. Algunos expedicionarios lograron llegar a La Española en canoas de indios. Pero, enterado de las penurias de Colón y su expedición, el gobernador Ovando se negó a proporcionarle medios para el regreso. Mientras tanto, Colón tuvo que hacer frente en Jamaica a la creciente hostilidad de los indígenas y a la sublevación de la mitad de sus hombres. Al cabo, el 29 de junio de 1504, los supervivientes lograron abandonar la isla y llegar poco después a La Española, arribando finalmente a Sanlúcar el 7 de noviembre de 1504. El cuarto y último viaje fue, por lo tanto, el más azaroso de los que emprendió Colón. El incumplimiento de los objetivos, las dificultades del viaje y la propia delicada salud del Almirante explican las amargas palabras contenidas en una carta a su hijo Diego, escrita al poco de llegar: «He servido a Sus Altezas con más diligencia y amor que los que pudiera haber empleado en ganar el Paraíso; y si en algo fallé fue porque era imposible o estaba más allá de mis conocimientos y poder. Dios Nuestro Señor, en tales casos, no pide a los hombres más que buena voluntad». Tumba de Cristóbal Colón en la Catedral de Sevilla.Desde ese momento, Colón vivió marginado de cualquier empresa ultramarina. A modo de balance, cabe plantear cuál fue la aportación realizada por Colón y si se puede considerar como el descubridor de América. No se cuestiona que Colón fue el que estableció el contacto irreversible entre el Viejo y el Nuevo Mundo sino que el tema de discusión es si él llegó a tomar conciencia de que se encontraba ante un nuevo continente o si siempre se aferró a la idea de que había llegado al Extremo Oriente descrito por Marco Polo o, cuando menos, a unas islas situadas en sus proximidades. Según José Luis Comellas, lo importante es lo que descubrió Colón, no lo que creyó haber descubierto. Si no fuese así, no tendría sentido la celebración del V Centenario del Descubrimiento de América en 1992. Colón hizo una serie de interesantes observaciones de carácter astronómico a las cuales se les ha prestado una menor atención: En cuanto a la estimación de la latitud, Colón cometió graves errores en su primer viaje, impropios de un marino de la época y quizá atribuibles al hecho de que no utilizase correctamente el tosco instrumental disponible. No obstante, en los posteriores viajes fue afinando mucho sus cálculos, observando la digresión de la Polar, por lo que Colón acertó con una precisión que no sería superada por marino alguno hasta la invención del sextante. Menos fortuna tuvo Colón a la hora de estimar las longitudes por fenómenos naturales sincrónicos. En dos ocasiones lo intentó a través de sendos eclipses de luna, pero los resultados fueron muy erróneos, aunque menos de lo que en ocasiones se le achaca. Asimismo, en su primer viaje, Colón descubrió la declinación magnética, aunque entonces no llegó a tener una clara conciencia de su variación en función de la longitud geográfica. No obstante, en el regreso de su segundo viaje, en mayo de 1496, sí tomó cumplida cuenta de esta variación, de manera que pudo saber aproximadamente dónde estaba comparando simplemente la dirección de la estrella y la de la aguja magnética. Realizó importantes observaciones sobre vientos y mareas. Fue el primero en describir las calmas tropicales y los ciclones, y observó las diferencias de las mareas respecto a Europa. Colón vivió sus últimos días en una situación precaria, hasta que murió en Valladolid el 20 de mayo de 1506.

Islas descubiertas: San Salvador, Santa María de la Concepción, Fernandina, Isabela y Juana (Cuba) en honor al príncipe Juan de Castilla. Los indios les indicaban que en una isla (la Española, por el parecido con España de lo que encontraron: fauna y flora) había mucho oro. Uno de los hermanos Pinzones, el de la Pinta trabajoso desde el principio, ya le poseyó la ambición del oro. Los paisajes, ríos y flora eran paradisíacos. El 16 de enero, desde el golfo de la experiencia de Las Flechas, zarpa Colón dirección a Castilla. Ya había hecho acopio de oro. Y como fundó el poblado de Navidad dejando una treintena de hombres como campamento base.

Cristóbal Colón después de las capitulaciones con los Reyes Católicos, el 12 de mayo de 1492, sale de Granada a Palos. Allí prepara su navío, la Santa María, y la Pinta y la Niña capitaneadas por los hermanos Pinzones. Estando todo previsto, junto con noventa hombres de tripulación, el tres de agosto zarpa hacia Canarias. El 6 de septiembre, después de algunas vicisitudes con la nave la Pinta y ya abastecidos con los víveres necesarios, surcan el océano hacia Occidente de la isla de Hierro. Se van adentrando mar adentro, a base de recorrer leguas de agua, y se van admirando de todo lo que avistan: pájaros, algas, etc. Y soñaban con el deseo de encontrar indicios de tierra cercana. Era el 19 de septiembre. 570 leguas al poniente de la isla de Hierro. La tripulación estaba cansada y temerosa de andar en incertidumbre. Se quejaban al punto de amotinarse. Pero el experimentado Almirante Don Cristóbal, los iba consolando. Se encontraban más lejos de lo que pensaban, pero Colón omitía la verdad para no agobiarles. Un vigía de la Pinta, alertado por Colón que vislumbró unas luces, dió la alarma de ¡tierra a la vista! El premio de los diez mil maravedís de por vida fueron para Colón que fue el primero en otear la señal.

Tratado de Tordesillas su texto habla en particular del ají, que es el chile, y del ñame, que es el camote. Pero esas plantas decepcionaron al rey Fernando: no le gustó el chile y tampoco la batata. Tendremos que esperar dos generaciones y a la nao de Manila para asistir al éxito del chile mexicano, que, desde Filipinas, se vendió a China a precio de oro antes de difundirse en todo el mundo asiático. Y la falta de interés inicial de la Corona por la botánica americana no impedirá la llegada a Europa del tomate, el maíz, el frijol, la calabaza, el aguacate y el chocolate. 15 de marzo de 1493: llegada de Colón a Palos, agotado por su viaje de ocho meses. 15 de abril (?): publicación en Barcelona (?) de la “Carta a Santángel”. 20 de abril: los reyes Isabel y Fernando reciben a Colón en Barcelona. 3 de mayo: publicación de la bula Inter caetera del papa Alejandro VI Borgia que otorga las tierras descubiertas por Colón a España. el papa le da a España “islas y tierras firmes remotísimas”, situadas “por las partes occidentales, hacia los indios”, “por el mar donde hasta ahora no se hubiese navegado”. Describe de manera llana a los habitantes que viven desnudos en medio de una vegetación exuberante, que navegan en sus canoas, que duermen en sus hamacas. Contempla con desprendimiento las iguanas, las serpientes antediluvianas, los papagayos, las inmensas palmas, los arrecifes. Todos los navegadores que exploran rumbos nuevos llevan consigo elementos de trueque. Colón no va a diferenciarse en este punto. Quiere obtener oro por conducto del “rescate”, como se decía en aquellos tiempos. Resulta entonces útil analizar lo que carga en sus navíos: puños de clavos de hierro, hojas de acero, cuchillos, navajas, cascabeles de cobre, pedazos de metal, objetos de vidrio transparente y de color verde. Si realmente Colón había pensado abordar las Indias, habría cargado vestidos de gala, textiles refinados y gorros elegantes. El hecho de no llevar ropa en su cargamento es un indicio muy firme que aboga a favor del conocimiento previo de la situación prevaleciente en las Islas: los textiles son de poca consideración en un mundo donde todos andan desnudos. Al contrario, el éxito del metal, incluso en forma de desechos, y la fascinación por el vidrio, incluso piezas rotas, no era de preverse. la dramaturgia propia del primer viaje: la espera en Canarias, las mentiras del Almirante sobre las distancias recorridas, las amenazas de amotinamiento, el primer contacto con las islas, el naufragio y la pérdida de la Santa María en una suave noche navideña, la búsqueda del oro, el ambiguo trato con el cacique Guanacagari, la traición de Pinzón, que intentó actuar por cuenta propia, el regreso en la tormenta, las sorprendentes escalas en Portugal… un testimonio que revela el carácter profundo de Colón, ese hombre que intenta dar nombre a la naturaleza para volver a crear un mundo que no lo había esperado, ese aventurero que se atreve a escribir: la Española

En aquel año de 1538, el viejo Conquistador (Cortés) todavía organiza dos expediciones más; una de ellas para llevar socorro a su pariente Francisco Pizarro a quien una sublevación de los incas peruanos tenía en gran aprieto. Cortés muere en el pueblo de Castilleja de la Cuesta, cerca de Sevilla, el 2 de diciembre de 1547. Aquel mismo año había nacido en Alcalá de Henares el padre espiritual de Alonso Quijano "El Bueno", aquel hidalgo que en su locura guardaría tantos puntos de semejanza con ese otro hidalgo que en vida se llamó Hernando Cortés Altamirano.

Pizarro: Personajes reales como los Reyes Católicos, Don Carlos II, Carlos V, Don Fernando y Doña Isabel, cómo Cristóbal Colón, Francisco Pizarro, Hernán Cortés, han forjado la heroica y audaz historia de España, una nación que alcanzó el máximo poder territorial ante las demás. Con el mérito de aplicar en sus descubrimientos y conquistas unas leyes justas e igualitarias para los 'nuevos españoles'.

Hernán Cortés

Hernán Cortés nació en Medellín, Extremadura, en 1485. Murió en Castilleja de la Cuesta, el 2 de diciembre de 1547. Conquistador de Nueva España, capitán valeroso, estadista y civilizador. Villa Rica de la Veracruz. Segura de la Frontera (Tepeaca). Coyoacán. Tenochtitlan. Invasión de Anáhuac. Señorío de Muteczuma. Ciudad de Temixtitán. Hacer cuatro bergantines Ganapanes de Castilla, para traer cargas. Putunchan, el río de Grijalva. Cumatán.

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